Vago

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¿Qué hay de malo en hacer el vago
cerca del mar?
¿Qué hay de malo en pisar el tiempo
dentro de un bar?
 
Quién sabe cómo y cuándo
vas a encontrar
el fuego para tu madera,
tu santidad
la dosis justa de canela.
La brisa para tus palmeras,
la oscuridad
que se desnuda entre las velas.
 
¿Qué hay de malo en vagar de noche
por la ciudad?
¿Qué hay de malo en seguir soñando
al despertar?
 
Quién sabe cómo y cuándo
vas a encontrar
visado para tus fronteras,
la inmensidad,
el ritmo fácil de las fieras.
La gracia para tus caderas,
la eternidad
que se desnuda entre las velas.
 
¿Qué hay de malo en echar la siesta
al caminar?
¿Qué hay de malo en parar el mundo
a voluntad?
 
Quién sabe cómo y cuándo
vas a encontrar
visado para tus fronteras,
la inmensidad,
el ritmo fácil de las fieras.
La gracia para tus caderas,
la eternidad
que se desnuda entre las velas.
 
¿Qué hay de malo en hacer el vago
cerca del mar?
¿Qué hay de malo en pisar el tiempo
dentro de un bar?

 
 

Comentario de Bilillo:

Vago es una canción muy entrañable para mí por varias razones. No es la menor la de dar título al álbum que me volvió a introducir en la escena musical después de muchos años, pero es que también tiene el honor de ser una de las pocas canciones de Bilillo que han sido versioneadas, y no de cualquier manera, y no por cualquiera, sino por Fran Ramos, líder del agresivo (en el buen sentido) grupo de rock urbano MalaNoche, en una interpretación tan intensa y desnuda que no puede menos de emocionarme y dar a la canción un plus de valor.

La versión del disco es todo lo contrario: el arreglo épico de Edu Basterra la convierte en uno de los cortes más espectaculares del álbum (me recuerda al Neil Diamond de su mejor época) y la sensación que tuve al escuchar la mezcla definitiva fue que realmente estaba haciendo algo distinto a lo que había hecho con Los Santos.

La melodía fue muy alabada por gente muy entendida, y la letra expresa una filosofía vital nada original pero muy olvidada en nuestra sociedad del cansancio (como diría Byung-Chul Han), muy sentida por su autor y expresada con alguna metáfora bastante decente, o eso quiero creer. Me emocionó mucho el comentario que me hizo una espectadora después de un concierto acústico que di en un acogedor tugurio madrileño y que venía a decir que le había hecho revivir los despreocupados paseos libres y nocturnos de su juventud gaditana, las playas y el aire añorados en su destierro capitalino. Bueno, pues para eso hace uno canciones.

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