Madrid

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Estoy aquí en Madrid,
perdido en las Delicias.
Estoy aquí en Madrid,
buscando las caricias
de calles que no saben dónde van,
del aura de las reinas destronadas,
del grifo del vermut,
del metro que rodea el Ecuador.
 
Estoy aquí en Madrid,
flotando a la deriva.
Estoy aquí en Madrid,
metido en la estampida
de almas que galopan hacia el mar,
de almas en huida consentida,
que me dejan atrás
y me piden que les guarde la ciudad.
 
Estoy aquí en Madrid,
fumando en la cocina.
Estoy aquí en Madrid,
sentado en las rodillas
de ángeles que estudian el calor,
de ninfas que han bajado de su casa,
el techo de Madrid,
el cielo que Velázquez inventó.

 
 

Comentario de Bilillo:

Bilillo había estado varias veces en Madrid a lo largo de su vida, y siempre la había percibido a través de una sucia película de reticencia provinciana. Sus estancias en la ciudad no habían pasado de unos pocos días cada una, y se habían reducido a actividades profesionales o turísticas muy concretas.

Pero he aquí que, a principios de los noventa, su chica tuvo que trasladarse a la capital por motivos laborales, con lo cual Bilillo comenzó a pasar fines de semana y vacaciones (vacaciones de profesor) en la villa y corte. Como la pareja estaba alojada en un edificio de apartamentos con servicio de limpieza incluido, Bilillo no tenía otro remedio que abandonar, con harto dolor de su corazón, el mórbido lecho cada día entre las nueve y las diez de la mañana y enfrentarse al terrible calor del verano madrileño, en agotadores paseos, levemente punteados por desayunos tradicionales (porras con chocolate) y vermuts (con un chorrito de ginebra) en coquetas terracitas. Bilillo quedó para siempre gozosamente enamorado del bullicio (totalmente fuera de lugar en el calor de agosto) de Bravo Murillo, de rincones recatadamente íntimos como la Fuente del Berro, de la amabilidad profesionalmente espontánea de los camareros maduros…, en suma, de la infinita variedad de detalles que tejen el alma de una ciudad en la que es casi imposible no sentirse en casa al cabo de una semana.

La canción trata humildemente de dar cuenta de ese enamoramiento.

 

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