La escoba de una bruja

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El barco zarpaba hacia aquí,
así que me hice a la mar.
Salimos de noche a por ti,
alguno te puede encontrar.
Yo era un grumete brutal,
un niño del Nunca Jamás.
Vivía en la niebla fetal
un cuento de nunca acabar.
 
Y ahora soy la escoba de una bruja
que trabaja en las estrellas,
soy la mente de Buda
encerrada en la botella.
 
Pasaron los años de sed,
gusanos, peleas y ron.
Durmiendo entre sacos de sal,
sufriendo el trabajo feroz.
El barco no pudo aguantar,
se vino hasta el fondo del mar.
Alguno se pudo salvar
y yo naufragué en tu portal
 
Y ahora soy la escoba de una bruja
que trabaja en las estrellas,
soy la mente de Buda
encerrada en la botella.
 
El barco zarpaba hacia aquí,
así que me hice a la mar.

 
 

Comentario de Bilillo:

A juzgar por lo que gustaba esta canción, fundamentalmente a las chicas, pensé que iba a ser la más popular del disco, pero lo cierto es que la más gamberra y todavía más pegadiza “Amor Zulú” le robó el podium.

Compuse primero la melodía del estribillo y la mantuve suspendida durante varios años en tarareos nocturnos a la espera de una estrofa que la completara (creo que, entre los últimos noventa y los primeros dosmiles). Al final llegó la inspiración durante unas vacaciones en las que me crucé dos veces con Bob Geldoff en lugares insospechados de la geografía patria.

La letra vino mucho tiempo después, tras varios intentos infructuosos (había alguno muy medieval, de trovadores y princesas, que me dio rabia desechar), y es un sencillo homenaje a la mujer que me acogió en la posada de su alma cuando todo el edificio de mi juventud se desmoronó absoluta y ruidosamente. Todavía sigo allí, y espero seguir estando hasta el fin de mi cuarta o quinta juventud.

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