La chica del Torrejón

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Entraste en el bar para preguntar
por dónde caía toda el agua al mar.
No sé, la verdad, te contesté,
soy el camarero, el jefe se fue.
 
Te vi la sonrisa,
el talle y la prisa.
Te invité a beber y luego noté
tus miradas serias y llenas de sed.
 
Me hinché de pasión, perdí la razón
y no me di cuenta de que había un mirón.
El jefe volvió y se tragó
todas las mentiras que el mirón le contó.
 
Te vi la sonrisa,
el talle y la prisa.
Echaste a correr y en la confusión
no pagaste tu cuba de ron.
 
Fuiste a otro bar, a otro lugar
dónde un camarero te quisiera ligar.
El jefe me echó sin compasión
y el sindicato le dará la razón.
 
No puedo aguantar,
te voy a encontrar.
El sol se marchó, ya no hay más calor,
siento un viento frío a mi alrededor.
 
Entonces te vi en el Torrejón
y no sé explicar lo que por ti sentí.
Déjalo pasar, decía una voz
que iba creciendo en mi interior.
 
Te vi la sonrisa,
el talle y la prisa.
Sin explicación, sin pedir perdón
me abrazaste y me rompiste el corazón.

 
 

Comentario de Bilillo:

Al igual que “La posada de la Muerte”, me parecía que esta canción de Los Santos se merecía una buena grabación. En su día apenas la tocamos en directo y sólo se registro una espantosa grabación maquetil, tocada sin preparación alguna y horriblemente desafinada.

Supongo que la maltratamos así porque era una balada demasiado lenta para los estándares de la época o porque no pegaba con el tono general de las canciones del grupo o Dios sabe por qué. Lo cierto es que, vista ahora, la considero una gran canción, sobre todo porque la letra (en la que no intervine para nada, la hicieron Alberto Arzúa y Jose López Iturriaga) cuenta de verdad una historia, con un tono deliciosamente ambiguo entre la ironía desencantada y la ingenuidad romántica.

La melodía también es mérito más bien de Jose, porque a partir de una base coñazo-Springsteen que yo había pergeñado, él supo cambiar, añadir y convertir la canción en la balada que registré en “Vago”, un álbum que todavía retiene mucho de las dos épocas de Los Santos.

Se puede decir que “La chica del Torrejón”, última canción del disco, es el “adiós a todo eso” referido al mundo musical que compartí con los otros Santos durante dos décadas. El Sur de Armenia es ya otra historia.

 

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