El proscrito

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Tengo muchas chicas en el telefón,
pero sólo llaman cuando pierden la razón.
Llegan y se tumban, me hablan de su amor,
pero sólo vienen cuando pierden la razón.
 
Hablan y hablan sin compasión.
Quieren que escuche su confesión.
Cruzan las piernas, me ciega el sol.
Tiemblan y tiemblan, y tiemblo yo.
 
No me necesitan, vienen porque sí,
sólo quieren que oiga lo que tienen que decir.
Les gusta tumbarse, dejarse llevar
y soltarme todo lo que tienen que soltar
 
Muchas historias, ningún rubor.
Tanto deseo, tanto calor
funden los cueros de mi sillón.
Tiemblan y tiemblan, y tiemblo yo.
 
Se me caen las pilas, pierdo ya el control,
fuera teorías, es la hora de la acción.
 
Late en mis manos su corazón,
veo en sus ojos la solución.
Puedo curarla,
puedo curarla,
puedo curarla
y ser un proscrito,
y ser un proscrito,
y ser un proscrito de la docta asociación.

 
 

Comentario de Bilillo:

“El proscrito” es el fruto del intento que, a mediados de los noventa, Alberto Arzúa y yo hicimos para resucitar a Los Santos. La cosa no resultó demasiado bien, pero lo cierto es que nos lo pasamos estupendamente, conocimos gente encantadora e hicimos unas cuantas canciones que han resistido el paso del tiempo.

Ésta, en concreto, la rescaté para mi primer álbum en solitario porque de ella me gustaba todo, pero sobre todo la fabulosa letra que hizo Alberto contando los tormentos de un psiquiatra que no puede evitar emociones inadecuadas al tratar a sus pacientes femeninas, poniéndose al borde de cometer la más grave transgresión en la que se puede incurrir en su solemne profesión. Me parecen impresionantes, sobre todo, los versos de la primera estrofa, que son una auténtica joya de la lírica pop (espero que alguien entienda todavía lo que significa eso) y ese final angustiado en el que aparece el título (“…y ser un proscrito de la docta asociación”), que inevitablemente me trae a la mente una de esas fotos de principios del Siglo XX con señores barbudos de mirada severa rodeando a un Freud lleno de energía, que parece decirnos a todos: “¡Pero mira que sois guarros!”.

Hay otros muchos motivos que me hacen muy querida esta canción: es la favorita del disco para mi querida Txaro (fan incombustible y gestora de mi facebook), fue objeto de versión en un disco de categoría (de un tal Teddy Baxter) y mereció ser radiada en el programa del gran Juan de Pablos.

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