Amor zulú

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Quiero dejar está ciudad,
no aguanto más el bar Tomás,
ni la estación del Arenal.
Quiero escapar a otro lugar
donde haya sol en Navidad,
donde haya ron en cantidad.
 
Ya me he empachado de fidelidad
a mis colores y a mi hogar, ay, ay, ay.
 
Quiero salir por mi portal
y no volver nunca jamás,
quiero olvidar y respirar.
Quiero dejar de saludar
a mis vecinos del penal,
quiero volar hasta el final.
 
Ya me he empachado de fidelidad
a mis colores y a mi hogar, ay, ay, ay.
 
Quiero soñar en andaluz,
quiero escribir en portugués
quiero aprender amor zulú.
He dicho adiós a mi mamá,
he dicho adiós a todo Dios,
no he vuelto atrás para mirar.
 
Ya me he empachado de fidelidad
a mis colores y a mi hogar, ay, ay, ay.
 
Quiero dejar esta ciudad,
no aguanto más el bar Tomás,
ni la estación del Arenal.

 
 

Comentario de Bilillo:

Llega un momento en la vida de toda persona mínimamente sensible en que la obligada permanencia en su ciudad natal le resulta insoportable.

No ha habido niño, adolescente o joven que haya amado a su terruño más que yo, a aquella ciudad de fachadas renegridas y lluvias constantes, rodeada de montes sabrosos, y manejable de punta a punta por el peatón más perezoso.

Pero a mediados de la treintena, anclado en ella por mor de un comodísimo contrato laboral y una extensa red de relaciones familiares y pandilleras, una desazón no aplacada por las pocas y breves escapadas vacacionales que mi modesta economía podía permitirse empezó a torturarme. Una cita leída en algún lado que definía al menos atractivo de los filósofos, Inmanuel Kant (nació en Königsberg, vivió en Königsberg, murió en Königsberg) se trastocaba cruelmente en mi mente (Bilillo nació en Bilbao, vivió en Bilbao, murió en Bilbao) y una sensación de claustrofobia gris oscuro estuvo a punto de llevarme a la desesperación. Todo era pequeño, defectuoso y monótono a mi alrededor.

La crisis pasó con el tiempo, pero su fruto fue “Amor Zulú”. Su aire country-gamberro suaviza el no demasiado profundo sufrimiento que la engendró, y su estribillo (que recuerda vagamente a los Everly Brothers) la hacen melódicamente atractiva. Cuando la grabé, muchos años después, fue con mucho la canción más aclamada de Vago por público y crítica (todos ellos bilbaínos).

 

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