Alegría y Felicidad

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Alegría y Felicidad
fueron a comprar tabaco.
Treinta años han pasado ya
y no han vuelto del estanco.
 
No dejaron una dirección
ni teléfono de urgencias.
Alegría y Felicidad
fueron a comprar tabaco.
 
Yo las busqué,
le di su descripción a la Interpol.
Yo las busqué,
con magia y con dinero lo intenté,
y fracasé.
 
Alegría y Felicidad
olvidaron en su alcoba
muchos libros, un sujetador,
sugerencias musicales.
 
Desde entonces he vivido así,
aferrado a sus reliquias.
Alegría y Felicidad
fueron a comprar tabaco.
 
Yo lo intenté,
tocaba los tambores del placer.
Yo lo intenté,
tentaba los misterios del saber,
y fracasé.
 
Alegría y Felicidad
no reprocho vuestra huida.
Sé muy bien que os exploté,
mi pasión era excesiva.
 
Abracé vuestra versión carnal
sin cuidado, hasta la asfixia.
Alegría y Felicidad
fueron a comprar tabaco.
 
No sé qué hacer,
no hay rastro que susurre dónde estáis.
No sé qué hacer,
aquí nadie recuerda quiénes sois,
ni si existís.
 
Alegría y Felicidad,
vivo en Troya sin Elena.
No hay vigía en la torre sur,
dejaré la puerta abierta.
Si soy poco para las dos,
tengo amigos bien dispuestos.
 
Alegría y Felicidad
fueron a comprar tabaco.
Treinta años han pasado ya
y no han vuelto del estanco.
 

 

Comentario de Bilillo:

Personificar conceptos siempre ha sido una constante en la literatura de Bilillo. Alegría y Felicidad se le aparecieron como dos chicas de mirada inteligente, algo desastrosas, moderadamente viciosas y dotadas de un exquisito gusto musical, cuyo mayor objeto de deseo era, con toda justicia, el gran Bilillo… No es de extrañar que las eche de menos.

Bilillo reconoce que la letra es un poco llorona, fruto de uno de esos inevitables momentos de blanda nostalgia en los que se recuerdan esos lejanos días carentes de toda responsabilidad y llenos de fuerza animal que solemos llamar juventud, pero espera que a la canción la salve ese pelín de ironía pop un poco desesperada que aflora en algunos versos (le gusta especialmente la estrofa de: “Vivo en Troya sin Elena”) y su adecuación a la melodía y a la instrumentación.

A Bilillo le encanta la mezcla (no vamos a repetir lo mismo en todas las canciones, así que dejaremos claro el increible trabajo de Saúl Santolaria como ingeniero de sonido), y lo bonitas que suenan las acústicas de Juan y de Jose, los guitarristas menos vanidosos del mundo, y los más eficaces.

2011. Teatro Campos. Bilbao

Hablando de instrumentistas, Bilillo no quiere pasar otro comentario sin mostrar su agradecimiento a Carlos Miguel, que hace cabalgar deliciosamente ésta y otras cinco canciones del disco con su inigualable toque de batería pop.

Bilillo-027

Carlos fue el batería de Los Santos en su época dorada, cuando tocaron en Rockola y todo eso, pero desde entonces, “treinta años han pasado ya” y Carlos no había vuelto a tocar la batería, así que ha tenido que realizar un enorme y conmovedor esfuerzo para responder a la petición que le hicieron Bilillo y Edu Basterra.

 

Créditos:

Bilillo: voz
Carlos Miguel: batería
Edu Basterra: bajo, guitarra eléctrica y teclados
Juan López Peláez: guitarra acústica
José López Iturriaga: guitarra acústica
 
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