2015, marzo. Ruta 66.

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“Bilillo y Los Sullos” por Eduardo Ranedo

Un santo varón en solitario

Los más veteranos se acordarán de Los Santos, tal vez el más destacado grupo de pop de la movida bilbaína de primeros de los ochenta, cuando llegaron a grabar un buen LP para el sello Fonomusic y hasta a actuar en el Rock-Ola, todo un logro para unos chicos de provincias. Su líder y principal compositor regresa con El Sur de Armenia, un sobresaliente disco autoeditado con el que da continuidad a Vago, aquel primer retorno con el que ya avisó en 2009.

Lo cierto es que nunca se fue. Muy al contrario, no dejó de rondar la música y de componer. Y parece convencido de que es buen momento para ofrecer nuevas canciones. “A diferencia de otros músicos que llegan a la máxima expresión de su talento antes de los treinta años y luego se estancan, decaen e incluso se mueren, creo que yo me he ido cociendo a fuego lento y es ahora, en mi madurez tardía, cuando puedo dar lo mejor de mí mismo. Además, he logrado hacerme con músicos que me respaldan con garantías y total complicidad y, a estas alturas, siento una absoluta falta de ansiedad ante el éxito o el fracaso”.

Bilillo-112

Jose Ignacio Dermit, Bilillo, supera con creces todo su trabajo previo con un fenomenal trabajo de pop maduro y no adulto que en lo musical no transmite los 60 años que le adornan. Además atina con unas letras pulidas, con mucha retranca y un poso personal que muestra sus intenciones a las claras: “Supongo, por lo visto hasta ahora, que mi potencial público es gente que no ha perdido el gusto por la melodía pop, en el sentido más noble del término, y que no se conforma con letras triviales. Me gustaría que me asociaran con monstruos como Ray Davies, Nick Lowe, Ryan Adams o mi querida Lucinda Williams, y en territorio nacional con Antonio Vega, Enrique Urquijo, Lapido, Quique González…”.

Hay piezas que destacan –como “Insectos” o “Alegría y Felicidad”-, pero lo suyo es ponderar la colección completa, que tiene elegancia y pausa y está en las antípodas de la moda o lo superficial. Un trabajo sólido de un cantautor pop honesto y transparente, con guitarras de fuste y canciones con personalidad y hechuras de grande, que merece superar las expectativas de su autor. “Diría que ya he conseguido mucho de lo que pretendía: que bastante gente cuya opinión valoro enormemente haya apreciado y disfrutado el disco. Si se trata de pedir más, me gustaría tocar en unas cuantas ciudades españolas ante un público no necesariamente numeroso pero sí atento y feliz. Y ya lo máximo sería notar que he despertado suficiente interés como para que merezca la pena grabar otro disco dentro de un par de años”.

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