2014, Diciembre. Bilbao.

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“Bilillo presenta su disco ‘El Sur de Armenia’ este 12 de diciembre en el Campos” de Javier Corral
EL VENENO DE LOS ESCENARIOS NO TIENE ANTIDOTO.
BILILLO se toma las cosas con calma. Ha esperado hasta ahora, cumplidas un buen puñao de décadas para hacer uno de esos discos contados que nacen con el sello de clásicos (malditos) instantáneos. Probablemente El Sur de Armenia obtenga su verdadero rango de reconocimiento, quizá razonablemente intensivo, cuando la historia haga su trabajo y el señor Dermit (que así tiene a bien apellidarse este buen señor), se haya hecho anciano y pelín más sabio. De momento disfruta de un apogeo creativo que asomó cinco años atrás con Vago, álbum que a su vez rompía un largo vacío, desde la época embrionaria de Los Santos de aquellos locos 80. La gracia está en que ahora Bilillo espera la presentación de su disco (este viernes 12 en la cúpula del Teatro Campos), con mayor ilusión que cuando exhibió su lozanía en el Rockola de la vanidosa ‘nueva hola’. El milagro de la música le mantiene curioso y con los deseos fortalecidos. Tan conmovedor como sus canciones.
 
Bilillo-036
Estas últimas fechas me has ido contando las buenas reacciones que vas acumulando por ‘El Sur de Armenia’. Pero quiero creer que lo esperabas, me resisto a pensar que no eras consciente que tenías algo grande entre manos.
La verdad es que, durante la grabación, y más al oír el resultado final, sí que me fui convenciendo de que habíamos conseguido un disco de calidad, pero una cosa es lo que piensan el padre de la criatura y la familia cercana, y otra lo que piensan los demás. Al recibir tantas opiniones entusiastas, y de gente muy entendida, he tenido una sensación de reconocimiento que, unida a la implicación desinteresada que mostraron todos en la grabación y a lo bien que lo pasamos en la misma, hace que ya tenga una recompensa más que suficiente. Lo fundamental ha sido la convicción con la que todos hemos afrontado el asunto.

El pop, que nace como un brote juvenil, se ha ido haciendo adulto. Es ya un género con solera y recorrido; intergeneracional, que lo mismo lucha con el acné que peina canas. Se puede hablar de un pop de autor con gran riqueza melódica pero también de indudable valor literario.
Recuerdo una canción del australiano Paul Kelly, Words and Music, que hablaba del impacto que sintió a los 10 años cuando escuchó por primera vez a los Beatles, y del que recibió años después cuando descubrió a Dylan. Calcado a lo que me ocurrió a mí. Nuestra generación se educó con esas dos líneas de influencia básicas, que a su vez se fueron enriqueciendo mutuamente y, como dices, madurando. La explosión del pop, como muy bien afirmas, expresaba una alegría juvenil propia de una época optimista (boom económico, estado del bienestar en Europa, pleno empleo, liberación de la mujer, autonomía de los jóvenes, ¡liberación sexual!…), que se fue templando por las crueldades de la historia y de la edad adulta. El pop en el que creo y vivo no renuncia a ese espíritu gozoso, pero no excluye la mirada sincera a una realidad muchas veces ingrata. No se resigna a los tópicos, intenta crear una lírica a la altura de la riqueza melódica que se le presupone. Mis adorados Kinks son el mejor botón de muestra.

Aunque los dardos sobre este mundo tan ‘descortés y cruel’ estén en otra canción, sugiero una segunda lectura sociológica para ‘Alegría y felicidad’. Estos años de despropósitos han ‘estancado’ las ganas de vivir y reír de mucha gente. Parece que cada vez nos cueste más disfrutar. No sé si puedes reconocer algo de esto aunque evidentemente no vaya por ahí.
Por supuesto que sí. Lo bueno de las canciones es que pueden referirse e interpretarse a diferentes niveles, todos ellos válidos. Lo que importa es que hagan sentir. Alegría y Felicidad puede condensar la nostalgia individual por la infancia o la juventud perdidas, tanto como la desilusión colectiva propia de tiempos como los que estamos sufriendo, que por otro lado no son tan excepcionales. También he percibido otra interpretación, que me ha resultado muy curiosa, pero plena de sentido: ha habido quien ha visto en ella una reivindicación del Bilbao de los 80, una afirmación de que, antes del Guggenheim y de la limpieza general, también éramos capaces de pasarlo bien.

Tratas continuamente con adolescentes por tu labor de profesor de Historia, Filosofía e Inglés. Me gustaría conocer tu opinión sobre cómo han evolucionado los chicos y las chicas en estas últimas décadas y en su relación con la música rock.
Lo que puedo contar tiene dos caras. Por un lado, he presenciado el desplome del sistema educativo, empeorando con cada reforma. Mis alumnos llegan al Bachillerato cada vez con menos conocimientos, menos madurez y menos capacidad crítica. Se les ha privado de una base cultural mínima, del placer del esfuerzo y de muchas cosas más. Se les ha quitado lo poco de bueno que tenía la educación antigua sin darles nada a cambio. En cuanto al Rock, exactamente lo mismo. Las televisiones, los 40 Principales, la falta de criterio en Internet…yo qué sé, el caso es que es rarísimo encontrar un adolescente con una cultura roquera sólida, o siquiera con cierta pasión por la música. Las excepciones, muy valiosas por heroicas, son muy escasas. La parte positiva es que son muy abiertos, carecen de prejuicios y aceptan con ilusión cualquier horizonte que les abres. Y eso es lo suficientemente gratificante para seguir en este duro mundo de la educación.

En ‘Tierras baldías’ te acompaña Francis Díez de Dr. Deseo. Probablemente sois los dos únicos cantantes que seguís de aquel Bilbao de los 80.
Fue una gozada grabar con Francis, una de las personas más encantadoras que conozco. Hay una especie de relación de continuidad entre Los Santos y Doctor Deseo, porque coincidimos en una grabación para la ETB, en el 86, que resultó ser nuestra última aparición como grupo y la primera de las suyas en una televisión. Pero ellos tuvieron el mérito de adaptarse al cambio de panorama que supuso la irrupción del Rock Radical Vasco, que otros, como Rufus o nosotros, no pudimos aguantar. Admiro su persistencia y envidio su capacidad para hacerse con un público numeroso y fiel. En cuanto a lo de que somos los únicos que seguimos… creo que hay más (Zarama, Rufus…). El que puede volver, vuelve. El veneno de los escenarios, de los estudios de grabación, de los locales de ensayo…no tiene antídoto.

Probablemente esperes la presentación del disco con las mismas ganas que tu primer concierto. Porque estás en tu plenitud. ¡Qué pocos músicos podrán decir eso a tu edad!
Espero esa fecha con mayor ilusión que cuando Los Santos tocamos en Rockola, que era lo máximo a lo que podía aspirar un grupo de la época. La edad no tiene nada que ver con estas cosas. Sólo te digo que, cuando tengo ensayo con el grupo (casi siempre después de un agotador día de trabajo) es como si me inyectaran un chute de energía que no se sabe de dónde viene. De verdad que espero sea un día inolvidable para mí, para el grupo y para todo el que asista.

Hay gente que daría cualquier cosa por componer la canción perfecta. ‘Insectos’ y ‘Alegría y felicidad’ no sé si lo son, pero logran conmover. Las puedo escuchar muchas veces sin que pierdan ese efecto de palpitante emoción. Quiero agradecértelo públicamente.
Te lo agradezco profundamente, y en eso coincide contigo mucha gente. Estoy muy orgulloso, sobre todo, de la metáfora inicial de ‘Insectos’…’Como insectos que chocan una vez y otra vez contra el terco cristal…’, que creo que refleja más que bien la dura realidad de la condición humana (tenía día Schopenhauer cuando la compuse) y también me gusta la ligereza amarga, muy pop, que transmite ‘Alegría y Felicidad’. Pero lo mejor es que hay opiniones para todos los gustos, y tengo fans de casi todas las canciones del disco, la verdad. Vamos, que me estoy convenciendo de que no hay canciones de relleno, de que todas tienen entidad, y eso es lo máximo que se puede decir de un disco.

‘Vago’ ya fue un excelente muestra de lo que podías dar de sí. No sé si sabes que estás comprometido a completar cuando menos una trilogía.
No será por falta de ganas. Tengo ya un banco de melodías hechas, más que suficiente para llenar un álbum, a la espera de que les ponga letra, lo que siempre hago en el tranquilo y sudoroso agosto madrileño. La dificultad estará en el dinero, como siempre. Dependerá mucho también de la acogida que tenga El Sur de Armenia. Ojalá repitamos esta entrevista dentro de un par de años con motivo del lanzamiento de ese cierre de trilogía. Muchas gracias por animarme a ello.

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